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JORGE GUILLÉN


 

Este Vallisoletano nacido en 1893 en el seno de una familia acomodada, estudió Filosofía y Letras, carrera que terminaría en Granada en 1913.

Fue lector de español en La Sorbona entre 1917 y 1923 y en Oxford entre 1929 y 1931.

Muy pronto inicia su amistad con Salinas, al que le dedicará toda su obra.

En 1924 se doctoró con una tesis sobre Góngora. Desde 1926 a 1929 es catedrático de Lengua y Literatura españolas en la Universidad de Murcia; en 1931 pasa a la Universidad de Sevilla, donde le sorprende la guerra civil. Detenido y encarcelado, saldrá de España en 1937 rumbo a Estados Unidos; imparte clases en Wellesley College de Massachussetts. Fue profesor visitante en diversos centros universitarios norteamericanos, en Puerto Rico, en México y en otros países de Hispanoamérica. A partir de 1949 realiza viajes a Europa: España, Francia e Italia.  

En 1957-58 ocupó la cátedra de de poesía Charles Eliot Norton de la Universidad de Harvard, donde dictó un curso sobre Languaje and Poetry, publicado asimismo en español: Lenguaje y poesía.

Su estancia en París le permitió entrar en contacto con Paul Valéry y su concepción de una poesía pura y estructurada con un rigor formal exigente, lo cual será muy influyente en la obra de Guillén.

En 1977 se le concede el Premio Cervantes.

Cuando se jubila, alterna períodos de su vida en Estados Unidos, Italia y Málaga, donde murió en 1984. 

Fue autor de un estudio sobre La Poética de Bécquer, ha editado el Cantar de los Cantares de Fray Luis de León y la correspondencia de García Lorca (Federico en Persona); ha traducido a Valéry (El cementerio marino), Superville, Claydel, Cassou, etc.

Obra poética 

Toda la poesía de Guillén, hasta 1950 es un Cán­tico al cosmos —«El mundo está bien hecho»— y a la dicha de ser: 

Ser. Nada más. Y basta.

Es la absoluta dicha.

 Si por su rigor ontológico y por la perfección clásica que lo expresa, Guillén se relaciona con Paul Valéry, por su elementalidad y su optimismo vital recuerda, como señaló Salinas, a Walt Whitman. Para Guillén, que no cree en el pecado original, el paraíso terrenal está en esta vida, que es contemplada no como camino para la otra, sino como «absoluto presente». En este universo, ajeno al curso del tiempo, inmutable, esencial y perfecto, como el de Parménides o el de Leibniz, las realidades inmediatas son mera representación de lo uno esencial:

¡Oh concentración prodigiosa!

Todas las rosas son la rosa;

Plenaria esencial universal.


 

La abstracción de lo anecdótico, circunstancial, contingente, que notamos en Salinas, llega en Guillén al límite más apurado. Su poesía es eminentemente objetiva, pero los objetos, las cosas se nos ofrecen sólo en geométrico escorzo, en puro perfil. Es una poesía de desnudez total, vaciada en formas de aristas diamantinas, con luz de cima, como el aire en los cuadros de Velázquez o como el paisaje sin accidentes de la meseta castellana.

Guillén cultiva los metros clásicos —la décima, con menos frecuencia el soneto—, pero, sobre todo, la estrofa de cuatro versos heptasílabos con rima asonante. La rigidez métrica, la limitación estrófica frenan la frase, que no es discursiva, como la de Salinas, sino que se reduce concisamente a sus elementos sustantivos. En efecto, la abundancia del nombre, en especial del nombre abstracto, y del adjetivo sustantivado —«lo uno, lo claro, lo intacto»—, la escasez del verbo (la palabra temporal por definición: en alemán, Zeitwort). son el instrumento exacto del mundo extático, esencial, absoluto que expresan, producen una sintaxis «mínima y justa, construcción con bloques yuxtapuestos, sin argamasa, como la del dos veces milenario acueducto de Segovia» (Amado Alonso).

En 1957, el autor de Cántico, cuyas últimas ediciones ya llevaban el significativo subtítulo Fe de vida, publica el primer volumen de clamor: Maremagnum, al que siguen.. Que van a dar a la mar y A la altura de las circunstancias. Los títulos son sobremanera expresivos del cambio sufrido por el poeta. De la entusiasmada contemplación del cosmos se pasa al lamento ante un mundo que ahora es maremagnum, caos, el mundo contemporáneo con su secuela de angustias y miserias. Del “absoluto presente” nos trasladamos a la “circunstancia” del tiempo histórico y del tiempo de la vida, de lo esencial a lo existencial. Guillén toma dolorosa conciencia de la humana temporalidad, de la muerte –el mar en que van a dar los ríos, de Jorge Manrique-, de las imperfecciones de este mundo, contra las que intenta rebelarse patética, inútilmente, desilusionado de su inicial optimismo.

Es Guillén un poeta que estructura su obra desde el principio y la cuida, mima y gobierna. Por lo tanto, hay que hablar de una obra unitaria que titula Aire nuestro y agrupa tres libros: Cántico, Clamor y Homenaje, con la siguiente distribución:

  • Aire nuestro (1968):

*   Cántico con 4 ediciones: 1928, 36, 45 y 1950.

*   Clamor:

-   Maremagnum (1957)

-   Que van a dar en la mar (1960)

-  A la altura de las circunstancias (1963).

 *  Homenaje dividido en 5 partes + fin

  • Cántico: publica la primera edición de este libro en 1928, con 75 poemas, la mayoría ya publicados en revistas (Revista de Occidente) anteriormente; la segunda edición, en 1936, añade 50 poemas más; la tercera, en 1945, tiene 270 poemas y mantiene los cinco apartados de la edición anterior; la cuarta y última, en 1950, con 334 poemas.  

La distribución de los poemas varía, debido al concepto de obra como un todo orgánico en pleno desarrollo, aunque a partir de la tercera edición las cinco partes empiezan con un poema al amanecer y terminan con otro al anochecer.

Lo subtitula “Fe de vida” y Rozas añade que es “fe en la vida” en un mundo que el poeta encuentra bien hecho. Muestra el entusiasmo por vivir de forma plena y jubilosa con lo creado.

Guillén parte de la realidad, así como de su limitación como persona; por ello, todo, personas y cosas que lo rodean, tendrán también límites. Pero el poeta tiene visión optimista del mundo, busca el equilibrio, la esencialidad, modera el sentimiento, todo es comedido, el gozo, el asombro, la emoción y la inteligencia; se expresan con claridad y exactitud.

      Cántico es la afirmación y exaltación de la existencia. La crítica lo lo designa como "existencialismo jubiloso", sin embargo, esa exaltación no implica un desbordamiento romántico, ya que está sometido a un riguroso cauce formal, a un equilibrio perfecto. La materia de Cántico va desde  las formas más bellas de la creación .la luz, el aire, el pájaro, el árbol, el río, el mar- hasta las cosas cotidianas: un sillón, el café, la calle, una mesa. 

    Abundan en Cántico las palabras que aluden a la condición prodigiosa del universo: fábula, maravilla, prodigio, portento, asombro... Evoca la presencia poética de las cosas y de los seres, por eso el tiempo verbal utilizado en el primer ciclo es siempre el presente.

El ser, palabra clave, se desenvuelve en un espacio y un tiempo definidos, porque “nada es sin temporalidad”; pero el tiempo no le angustia, sino que lo transforma en “presente perdurable”, un presente en el que está el pasado y el futuro, presente eterno, eternidad contemplada. La perfección de cada momento invita a eternizarlo; si aparece el recuerdo es gozoso, nunca melancólico.

“La vida quiere siempre más vida”; ni siquiera la muerte, que Guillén ve como consecuencia de la vida, se vive de forma dramática, sino que la acepta corno algo natural.

A pesar de la guerra española y la Segunda Guerra Mundial, sigue exaltando el goce de la vida en las últimas ediciones de Cántico, por ello se considera el libro más jubiloso de la poesía española.

Un lenguaje y una métrica cuidada acompaña esa visión jubilosa, sustantivos abstractos, escasa adjetivación, tiempos presentes, imágenes dirigidas a la inteligencia más que a los sentidos.  

 

  • Clamor, que subtitula “Tiempo de Historia”,  revelando así su intención de dar a esa nueva fase de su poesía un signo temporalista e histórico, de testimonio de un tiempo dramático para la humanidad. abarca desde 1950 a 1963, es un libro que continúa con la temática de Cántico y añade nuevas protestas contra la destrucción, el dolor, la guerra, la crueldad que dañan la perfección del cosmos; surge con fuerza el azar, aunque a pesar de la destrucción existente no se destruirá la voluntad de vivir humana.  

     Está formado por tres libros: Maremagnum, que se publica en 1957, Que van a dar a la mar... en 1960, y A la altura de las circunstancias, en 1963. el tono de este según do ciclo de la poesía de Guillén cambia algo respecto al primero, sin duda como consecuencia de la situación dramática que el mundo había vivido a partir de 1936: Guerra Civil Española, segunda Guerra Mundial, lanzamiento de la primera bomba atómica, persecuciones políticas y raciales, desorden, caos, muerte. tras tanta tragedia, el poeta ya no parece dispuesto a seguir cantando sólo el lado puro y bello de la existencia, su transparencia y desnudez, ahora manchadas por aquellas fuerzas destructoras. Consciente del nuevo drama que vive el mundo, Guillén quiere dejar en Clamor un testimonio poético de su protesta contra aquellas fuerzas enemigas del hombre y de la vida, denunciarlas en defensa de ese hombre acosado.

Aparecen los detalles del momento, la Segunda Guerra Mundial, los negros de Estados Unidos y la sociedad de consumo, y el lenguaje se expande con registros coloquiales, irónicos, que antes no se daban.  

  • Maremagnum (1957) refleja el caos y la confusión del mundo actual, en buena parte sumido en la injusticia y la tiranía. Algunos poemas tocan temas que aún siguen de actualidad: guerras, campos de concentración, la tortura, la discriminación racial... Para este tipo de poema testimonial, de denuncia, Guillén prefiere el verso libre e incluso el poema en prosa, en vez del poema de esbelta arquitectura -décimas, cuartetas de heptasílabos asonantados- que domina en Cántico.

  • Que van a dar a la  mar... - titulo tomado de un verso de las famosas Coplas de Jorge Manrique a la muerte de su padre - es un libro elegíaco, compuesto de una serie de meditaciones sobre el pasado, los recuerdos, la juventud perdida, el amor, la vejez, el paso del tiempo, la muerte. el tono ha cambiado: ahora es melancólico y nostálgico, y la materia poética se tiñe de temporalidad, como pedía Antonio Machado. Pero el tiempo ya no es tiempo histórico, que afecta a la colectividad, sino el tiempo individual del poeta, que va destruyendo todo lo que éste ama. el tema de la muerte es importante en este libro, cuyo poema inicial recrea el tema bíblico de la resurrección de Lázaro.

  • A la altura de las circunstancias se inspira en una frase de Antonio Machado en su Juan de Mairena: "Es más difícil estar a la altura de las circunstancias que au-dessus de la mêlée". Es decir es más difícil enfrentarse con los acontecimientos históricos, que darles la espalda y permanecer al margen de ellos. A la altura de las circunstancias representa una posición ética, una poesía, una poesía de compromiso con el tiempo histórico, con la sociedad angustiada cuyo drama comparte el poeta. El tema de España, tan grato a Unamuno y a Antonio Machado, es materia de algunos grandes poemas de Guillén en este libro, como "Despertar español" y " La sangre al río", en los que el poeta evoca el drama de la guerra civil española y sus consecuencias, no con pesimismo sino con esperanza. pues, como el propio Guillén ha declarado con motivo de este libro, "no es posible abandonarse al apocalipsis, al derrotismo, a una final anulación. la vida, la continuidad de la vida, tienen que afirmarse a través de todas esas experiencias y dificultades".

No existe, sin embargo, una ruptura ni una oposición entre estos dos ciclos de la poesía de Guillén: el de Cántico y el de Clamor, pues en realidad ambos ciclos se complementan. Las fuerzas negativas -odios, destrucción, muerte- que se  convierten en protagonistas de los poemas de Clamor, estaban ya presentes en Cántico, aunque sólo de modo latente como leves sombras que se insinúan en el horizonte. pero sólo en Clamor se hacen activas, amenazando y hostigando al hombre con su ciega violencia.

  • Homenaje (1967), su tercer libro, está mas cerca de Cántico, con el subtítulo de “Reunión de vidas”  

     Escrito en Cambridge, en Estados Unidos, y dedicado por el poeta "A todas las musas", y en el que ha reunido cientos de poemas en homenaje o glosa a aquellos motivos -personas, paisajes, cosas- que le han sevido de inspiración a lo largo de muchos años. No pocos de esos poemas son homenajes a poetas amigos o amirados del autor.

     Para dar sentido de obra cíclico y cerrado, en 1968 publica estos 3 libros bajo un título común: Aire nuestro,  editado en Milán en 1968, al que añade un poema a modo de prólogo.

  • Y otros poemas (1973, Munichnik Editores, Buenos Aires), cuarta serie de Aire Nuestro, y en el que el autor de Cántico renueva su diálogo abierto con la realidad, con sus múltiples rostros, visibles e invisibles. La preocupación por lo social se integra de nuevo en su poesía, sobre todo en la serie "satiras" de Y otros poemas, que incluye un libro de intención política, "Guirnalda civil" , algunos de cuyos poemas contienen ataques a la dictadura franquista. Por otra parte, la complejidad y riqueza temática de Y otros poemas se revela en otra sección del libro, "Res poética", en que Guillén asume su propia metapoesía: se trata de una poética y de una reflexión sobre la poesía.

  • Final,  de 1982, se pueden considerar como variantes de los tres anteriores. Sin embargo, hay que destacar los comentarios de sus lecturas y su obra y los poemas satíricos y aforísticos, que en 1980 recoge en un libro: Hacia Cántico. Escritos de los años veinte. Se trata de una recopilación de su obra más temprana.  

Guillén es también un prosista de gran calidad, poseedor de un estilo tan personal y depurado como el de su poesía, y ha escrito un excelente libro de crítica poética: Lenguaje y poesía (1962)

Por último, destacar que Guillén tiene numerosos ensayos, como el prólogo a las Obras completas, de Federico García Lorca, editados por Aguilar. Son interesantes los comentarios sobre su propia poesía que hace en El argumento de la obra, de 1969.


 

POEMAS DE JORGE GUILLÉN


  
Tréboles

«La muerte». Más tajante: «death».

No es menos penoso que rime,

Si tarda en llegar, con «vejez».

 

Un año más, un año menos.

Tras poco día, noche vieja:

Tu filo, San Silvestre. Henos

Con la amenaza que no ceja.

 

He soñado cosas extrañas:

Escondiéndome su sentido

Me extravían por sus marañas.

¿Quién seré, quién soy, quién he sido?

 

Y se me escapa la vida

Ganando velocidad

Como piedra en su caída.

 

                
  Las ánimas.

Montones de supervivientes

Miran el mundo de los vivos,

Que con sus barcos y sus puentes

Intentan servirles de estribos.

 

Después de aflicción y trabajo,

-La vida más corta fue larga-

cayeron mucho más abajo.

Sólo errores son ya su carga.

 

Los muertos añoran la tierra

De los hombres nunca divinos,

Y sufren, sufren. ¿Se les cierra

La salida a humanos destinos?

 

Ese fuego no será eterno.

También el verdugo se cansa,

Y está sumiso a buen gobierno.

Eternidad con Dios es mansa.

 

Mientras montones de difuntos

Tienden a los vivos las manos,

Las memorias. ¡Ah, todos juntos,

Y humanos, humanos, humanos!

             
  El Vencedor.

No más desgana displicente.

Que el maravilloso deseo

Te impulse por la gran pendiente

Donde triunfarás como Anteo

No hay contacto que desaliente.

 

Alegría del sol hermana

¿Ya nunca se despertará?

¿Hoy no vale más que mañana?

¿Acá no puede más que allá?

Tú vences si el deseo gana.

           

 

La caricia adormece

La caricia adormece,
y a una región conduce
más cercana a la tierra,
a su silencio y sueño,
bien tendidos, dichosos.

Y tu cuerpo está ahí, remoto y mío,
inmóvil, invisible, descuidado,
y mientras me abandono a su nostalgia,
la oscuridad absorbe en su sosiego
de gran remanso nuestro amor flotante.

 

Duermes...
Duermes. Mi mano toca sueño. Duermes.
Gozo de tu inocencia confiada,
de tu implícita forma en esa noche
que hace tan suya con amor la mano.

Te siento dormir sin verte,
serenísima, sagrada,
nunca imagen de la muerte,
y oponiéndote a la nada
triunfar como piedra inerte.

La delicada masa de tu sueño
se espesa junto a mí, sin paz nocturna,
que así convive con la invulnerable,
cuyo retorno al despertar es siempre
la súbita inmersión en nuestra dicha.

Sumido en un calor de dos, el sueño
relaja su clausura, casi abierta
dulcemente hacia el día aún isleño.
Calor, amor.
La historia tras la puerta.

 

Salvación de la Primavera
Ajustada a la sola
desnudez de tu cuerpo,
entre el aire y la luz
eres puro elemento.

¡Eres! Y tan desnuda,
tan continua, tan simple
que el mundo vuelve a ser
fábula irresistible.

...Mi atención, ampliada,
columbra. Por tu carne
la atmósfera reúne
términos. Hay paisaje.

Esos blancos tan rubios
que sobre tu tersura
la mejor claridad
primaveral sitúan.

Es tuyo el resplandor
de una tarde perpetua.
¡Qué cerrado equilibrio
dorado, qué alameda!...)

 

Y los ojos prometen.....
Y los ojos prometen
mientras la boca aguarda.
Favorables, sonríen.
¡Cómo íntima, callada!

Henos aquí. Tan próximos.
¡Qué oscura es nuestra voz!
La carne expresa más.
Somos nuestra expresión.

De una vez paraíso,
con mi ansiedad completo.
La piel reveladora
se tiende al embeleso.

¡Todo en un sólo ardor
se iguala! Simultáneos
apremios me conducen
por círculos de rapto.

Pero más, más ternura
trae la caricia. Lentas,
las manos se demoran,
vuelven, también contemplan.

 Anillo

Ya es secreto el calor, ya es un retiro
de gozosa penumbra compartida.
Ondea la penumbra. No hay suspiro
flotante. Lo mejor soñado es vida.

El vaivén  de un silencio luminoso
frunce entre las persianas una fibra
palpitante. querencia del reposo:
una ilusión en el polvillo vibra.

Desde la sombra inmóvil, la almohada
brinda a los dos, felices, el verano
de una blancura tan afortunada
que se convierte en sumo acorde humano.

Los dos felices, en las soledades
del propio clima, salvo del invierno,
buscan en claroscuros sin edades
la refulgencia de un estío eterno.

Hay tanta plenitud en esta hora,
tranquila entre las palmas de algún hado,
que el curso del instante se demora
lentísimo, cortés, enamorado.

¡Gozo de gozos: el alma en la piel,
ante los dos el jardín inmortal,
el paraíso que es ella con él,
óptimo el árbol sin sombra de mal!

Luz nada más. He ahí los amantes.
Una armonía de montes y ríos,
amaneciendo en lejanos levantes,
vuelve inocentes los dos albedríos.

¿Dónde estará la apariencia sabida?
¿Quién es quien surge? Salud, inmediato
siempre, palpable misterio: presida
forma tan clara a un candor de arrebato.

¿Es la hermosura quien tanto arrebata,
o en la terrible alegría se anega
todo el impulso estival? (¡Oh beata
furia del mar, esa ola no es ciega!)

Aun retozando se afanan las bocas,
inexorables a fuerza de ruego.
(Risas de Junio, por entre unas rocas,
turban el límpido azul con su juego.)

¿Yace en los brazos un ansia agresiva ?
Calladamente resiste el acorde.
(¡Cuánto silencio de mar allá arriba!
Nunca hay fragor que el cantil no me asorde.)

Y se encarnizan los dos violentos
en la ternura que los encadena.
(El regocijo de los elementos
torna y retorna a la última arena.)

Ya las rodillas, humildes aposta,
saben de un sol que al espíritu asalta.
(El horizonte en alturas de costa
llega a la sal de una brisa más alta.)

¡Felicidad! El alud de un favor
corre hasta el pie, que retuerce su celo.
(Cruje el azul. Sinuoso calor
va alabeando la curva del cielo.)

Gozo de ser: el amante se pasma.
¡Oh derrochado presente inaudito,
Oh realidad en raudal sin fantasma!
Todo es potencia de atónito grito.

Alrededor se consuma el verano.
Es un anillo la tarde amarilla.
Sin una nube desciende el cercano
cielo a este ardor. ¡Sobrehumana, la arcilla!






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